Disciplina, combate, batallas, todo un escenario
mágico lleno de explosiones. Donde los gladiadores suben como grandes héroes
que están dispuestos a dar todo con tal de defender sus máscaras. La
máscara no es un cosa cualquiera. La máscara lleva tu orgullo…. Te lleva
a ti.
Suena la
campana. Empieza la batalla. Buenos y malos se enfrentan. Uno golpea. El otro
resiste y responde. Aquí nadie puede rajarse. Aquí es todo por el todo.
Una caída ganada. Una caída perdida. Que más da,
vayamos a la final. Un ganador y un perdedor. Él que pudo haber perdido una
batalla, pero no la guerra. El luchador perdedor, cansado, desiste,
acepta su derrota y se retira con la cabeza abajo. Por el otro lado el
vencedor. Presuntuoso se muestra
orgulloso paseando y luciéndose como reina de la primavera por el campo
de batalla.
La lucha libre no es un combate, es un campo de batalla. Donde te
podrás caer, te podrás lastimar y te podrán romper la madre. Pero donde jamás
permitirás que alguien destruya u ose tocar tu objeto mas sagrado. Tu
tesoro. Tu orgullo. Una parte de ti.
Tú mascara.
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